miércoles, 27 de abril de 2016

Las cosas claras... X...Josepe


Soy de la opinión que en el PSOE existen diversas maneras de entender el socialismo, y quiero dejar claro que pienso que todas son legítimas. También hay algunos elementos que, si alguna vez fueron socialistas, ahora no lo son. Son los que viviendo como capitalistas han acabado pensando como tales.  Y se les podría señalar, a los que aún se mantienen dentro del PSOE, cómo “corruptos intelectuales”.

lunes, 18 de abril de 2016

Pequeña reflexión sobre el PSOE,,, X Josepe


El mayor problema del PSOE es la excesiva importancia de aparato que permite la toma de decisiones y el control del aparato a todos los niveles a una pequeña parte de militantes, que a veces, como decía Rubalcaba: “cómo no viven como piensan, acaban pensando cómo viven”

El funcionamiento del PSOE se puede comparar, con las lógicas diferencias de nivel, al de la mayoría de sus agrupaciones.

jueves, 3 de marzo de 2016

SKYROS...X Josepe

A los responsables de rentabilizar marinas deportivas españolas, les interesaría leer esta real y verdadera experiencia de unos compatriotas...¡Y tomar nota!

El acuerdo de Skyros

No era la primera vez que recalábamos en la isla, pero en esta ocasión no teníamos muchas ganas de ir al puerto, si no de quedarnos fondeados en algún sitio bien protegido. El problema es que necesitábamos cargar agua así que acordamos atracar, llenar e irnos; habíamos leído que el pequeño muelle se había transformado en marina con muertos y casetas de luz y agua. A parte de la incomodidad de dormir con barcos a los lados, el hecho de amarrar en una marina supone un dispendio considerable; no sabíamos el precio de esta, pero en la de Lefkada, nuestro barco rondará los 80 € diarios; toda una fortuna. Cuando llegamos salió un marinero a recoger las amarras y darnos la línea del muerto.

- Solo queremos agua y nos vamos

- ¿Por qué tenéis tanta prisa? Estáis en la isla más bonita y en la mejor marina de Grecia.

- Precisamente por eso ¿Cuánto vale el amarre para este barco?

- Nada

- ¡Oh!

- Solo los gastos que cobra la capitanía, como en cualquier sitio de Grecia. El resto, agua, luz y Wi Fi, son una cortesía de todos los comerciantes y bares de Lynariá para que tengáis una feliz estancia. Además disponéis allí de una pequeña biblioteca para pasar el rato y estos carritos por si tenéis que ir a comprar ¿De verdad que os vais a ir?

Nos quedamos atónitos. El puerto de Lynariá estaba impoluto porque  Yiorgos, así se llamaba su responsable, no paraba de barrer y limpiar a todas horas, los carritos eran nuevos y relucientes y en la biblioteca había hasta algún derrotero para consultar; tenía mérito porque vimos uno de la costa Turca, el enemigo y competencia. En una esquina destacaban unos grandes bidones de recogida de aceites; uno de grasas minerales y otro alimentario; también acabados de comprar;  y muchos, muchos banquitos para contemplar la puesta de sol. El lugar era limpio, amable y luminoso; la gente sonreía siempre. O era un holograma de Corea del norte o era el puerto Xanadu.

- ¿Tenéis lavandería?

- Sí, claro en aquella casa. Y alquiler de motos y coches y autobús y supermercado y café y…

- ¡Para! ¿Quién puede alquilarnos una moto?

- Yo mismo.

Era elemental y esta gente lo había entendido; no habían necesitado grandes tratados económicos ni think tanks; socializamos los gastos y socializamos los ingresos; y lo más difícil, habían llegado a un acuerdo. Esto era un auténtico puerto cooperativa, una idea emocionante.

Si se cobra un precio por el amarre, los barcos acaban por huir  y el único que ingresa es la marina, normalmente una concesión a una empresa ajena a la isla que toma el dinero y corre; a lo sumo crea unos pocos puestos de trabajo estacionales y paga a la comunidad el precio de la concesión, pero se la sopla si sus clientes luego gastan en el pueblo o no, una vez que se han arruinado pagándoles a ellos.

No pagamos la marina; solo 12 € a capitanía, lo normal, tuvimos agua, luz y Wi-Fi; lo cual representó  un pequeño gasto para la comunidad; pero al final llevamos la ropa a la lavandería, alquilamos una moto, le pusimos gasolina, probamos todos los bares y tabernas que nos enseñó Yiorgos sobre el mapa, compramos en la carnicería y en el supermercado. Si sumamos todo lo que gastamos seguro que fue más que el precio de una marina; pero en vez de ganar uno ganaron todos.
El puerto se llenó y todos sorprendidos primero, encantados después, se dispusieron a gastar sus euros por las tiendas y bares de Lynariá.

Era curioso ver como de vez en cuando se acercaba un vecino y colgaba en el tablón de anuncios, los servicios que el ofrecía; taxi, microbús, supermercado, mecánica…, cualquiera podía poner su oferta.

Nos dio alegría la respuesta de Yiorgos cuando le preguntamos qué tal había ido el verano.

- ¡Muy bien! Estupendamente para todos.

Era la primera vez que alguien me respondía así en Grecia. Les deseé de todo corazón que su experimento fuera un éxito y siguiera así mucho tiempo, su ilusión era contagiosa; la ilusión de quien sabe que tiene razón y se lanza a conseguirlo.

A nosotros, españoles de España, acostumbrados a las marinas patrias que te soplan hasta 250€ por amarrar, sin agua y sin luz y con duchas con contador de monedas; sin posibilidad de escape, pues es o lo tomas o te vas a tomar tú; nos pareció una gran idea, algo así como el New Deal de Roosevelt en Skyros. Ya sé que Lynariá es una pequeña comunidad y llegar a un acuerdo es mucho más fácil, pero no por ello le quita merito a esas reuniones que han debido tener para acordar los detalles.

- Veis como al final os quedareis ¿No os dije que estabais en la isla más bonita? Y no corráis, necesitareis varios días para comprobar todas sus bellezas.

Lo dijo totalmente convencido, no intentaba vendernos la moto; ya nos la había alquilado.
 
Cartel a copiar y pegar

jueves, 17 de diciembre de 2015

Elogio de las profesiones marítimas... X... Juan Zamora Terrés

ELOGIO DE LAS PROFESIONES MARÍTIMAS

               Podría haber titulado esta conferencia ELOGIO DE LOS COMERCIANTES o ELOGIO DEL TRANSPORTE MARÍTIMO, no sólo por ahuyentar el riesgo de que alguien pudiera entender mis palabras como un ejercicio corporativo, sino sobre todo porque en los profesionales del mar se resumen los valores de una actividad que ha sido históricamente y lo es en la actualidad un motor de progreso social y económico. Hablo claro está, del comercio por vía marítima.

También debo precisar que cuando hablo de profesiones marítimas lo hago en un sentido amplio que incluye desde quien proyecta y fabrica la nave hasta el burgués que en la baja Edad Media se embarcaba con sus mercancías y confiaba en la pericia del naucher o nauchero para llegar sano y salvo al puerto de destino. Y por supuesto hablo de quienes se embarcan en la aventura marítima, cualquiera sea su empleo a bordo y su jerarquía.

Nuestras Historias, la académica que se enseña en las escuelas y universidades y la popular que impregna la percepción social, suele olvidar a los personajes que a base de experiencia y talento construían en las playas barcos cada vez más grandes, más veloces y eficientes. Solemos olvidar también a quienes, con la determinación que hoy admiramos en un emprendedor valiente, se echaban a la mar en esas construcciones de madera movidas por una simple tela confeccionada con fibras vegetales o bambú, enfrentándose a un océano que se creía infinito, que se sabía cruel y que aseguraba toda suerte de calamidades y privaciones, pero que representaba, al mismo tiempo, la puerta hacia el progreso, el camino para mejorar la condición social y económica de unos hombres y
mujeres que malvivían de una tierra escasa continuamente amenazada por la codicia de los vecinos.

Un olvido que no es universal, por supuesto, al menos no con el mismo grado. A diferencia de los normandos, los bretones, los vikingos y los pobladores de las islas de Extremo Oriente, es decir a diferencia de Gran Bretaña, Holanda, Dinamarca y Japón, simples ejemplos, donde las profesionales marítimas gozan de un enorme prestigio y reconocimiento económico y social, nuestro país, España, ha ignorado y sigue ignorando a los mestres d'aixa, a los carpinteros de ribera, a esos ingenieros navales en agraz y a los ingenieros navales titulados cuando, ya en el siglo XVIII, se reguló esta profesión. E ignora y sigue ignorando, de una forma particularmente ominosa, a los marinos, a todos
los marinos, pescadores, comerciantes y soldados, a quien esta nación que llamamos España tal vez debe sus mejores hazañas y sus mejores historias.

Solemos en España hacer uso de las palabras de una forma interesada y con ello acabamos por confundirnos. Las palabras no son inocentes. Que no nos confundan las palabras, tan usadas hoy para eludir y falsear la realidad. Los marinos han tenido en la historia nombres diversos: nauta, naucher o nauchero, nostromo, nostramo o contramaestre, patrón, piloto, oficial de máquinas, capitán, comandante, o almirante, nombres que obedecían a la necesidad de distinguir funciones y oficios, sólo eso, nada más y nada menos. 

Cargar esas palabras de una intención clasista y disgregadora sólo nos lleva a la necedad del enfrentamiento en el que todos perdemos. Todos eran y somos marineros, gente de mar, y todos hemos sido protagonistas de grandes historias, de grandes descubrimientos y de magníficas oportunidades de negocio que nos han hecho más sabios y nos han traído prosperidad y bienestar.

Los marinos han sido los primeros cartógrafos y los intelectuales más eficaces contra las supersticiones dominantes, a las que a veces utilizaban para evitar la competencia y ahuyentar a los curiosos. Propagar que más allá del horizonte las naves quedaban apresadas en un mar espeso poblado de bestias inmundas era una forma de atemorizar a los posibles competidores, primitiva si ustedes quieren, pero bastante eficaz. Aprendimos a construir casas y palacios que flotaban y sobrevivían a los temporales, edificios que también eran carros inmensos para transportar todo tipo de productos, unos artefactos que además avanzaban sobre el mar por el invento de las velas y el esfuerzo de los hombres; advertimos que la tierra no era plana ni está poblada de monstruos devoradores de naves, sino que era redonda y llena de exquisitos animales comestibles.

Demostramos, los marinos, que era posible llegar a los confines del mundo y volver con maravillas de ensueño. Y descubrimos que cargando en mi nave unas mercancías abundantes aquí podíamos satisfacer una necesidad de los habitantes de allá, y viceversa, y que en ese comercio y en ese transporte todos ganábamos. Así, confirmábamos el sentir de Pessoa: el fin de un barco no es el de navegar, sino el de ir de un puerto a otro puerto.

La historia de la navegación, que es la historia de los intrépidos profesionales que construían y tripulaban las naves que trazaron el mapa del planeta Tierra, no necesita de mitos ni exageraciones, pues posee mimbres suficientes para colmar cualquier expectativa humana. Muy pocas historias no tienen el mar y los barcos en su cabecera.

Los barcos y los marinos son los protagonistas de la mayoría de las leyendas, historias legendarias de China, de Japón, de los archipiélagos del Pacífico, de Fenicia, de Grecia, de Roma, de Arabia y de Escandinavia. Las sociedades sin barcos ni marinos han desaparecido sin dejar huella, cerradas sobre sí mismas, irrelevantes.

Todas las religiones, y particularmente las derivadas de la Biblia, han utilizado el mar como metáfora del esfuerzo y del tesón, del peligro y de la recompensa, del misterio y de la luz. Y detrás de todas esas comparaciones y alegorías están las profesiones marítimas, las personas que trabajan con empeño para que los barcos lleguen a destino sin naufragar. Jesús escogió a sus apóstoles, doce hombres buenos, entre los pescadores de Judea y Galilea. La gran saga de la literatura árabe, con ejemplos similares en otras culturas africanas y asiáticas, es Simbad, el marino, paradigma del coraje, de la bondad y de la generosidad de la gente de la mar.

Como es lógico, la literatura y el arte, desde sus orígenes, han loado el mar como medio de vida y de riqueza. Poemas, dibujos, narraciones, pinturas, canciones y rituales que intentaban representar la grandeza y servidumbres de la mar. Y cuando digo la mar, quiero decir hombres, mujeres y barcos, pues sin ellos la mar es sólo un manto azul frío, salado y hostil. No es el mar el que une a los continentes, como pretende cierta palabrería, sino los barcos y quienes los tripulan y marean. En la que tal vez sea la mejor representación del mar, esa ola viva, alegre e intimidatoria que dibujó el artista japonés Hokusai, cuyas copias -hizo más de doscientas- andan esparcidas por diversos museos
(tal vez la más conocida sea la que se exhibe en el Metropolitan de NY), hay varias embarcaciones cabalgando la ola. Y en las embarcaciones asoman las cabezas de quienes las manejan, hombres, quizás también mujeres, anónimos; héroes imprescindibles.

El mar, el oficio de navegar, contiene unos valores de enorme calado. Muchos de ellos los encontramos también en otras actividades humanas: el valor del esfuerzo, el trabajo en equipo, la solidaridad del grupo, la resistencia a la fatiga, etc. A todos ellos, el oficio de navegar añade un valor esencial: la responsabilidad. El marino sabe que de su pericia y esfuerzo depende la vida de sus compañeros. Un error, un descuido, puede acabar con el barco en el fondo del mar y con los humanos alimentando los peces. Les aseguro que no hay retórica alguna. En las largas horas de las guardias nocturnas, los marinos somos conscientes de que la vida de la tripulación está en nuestras manos y depende de nuestra atención al horizonte, de nuestro cálculo de la posición del buque y de la alerta sobre las muchas amenazas que acechan a un barco en navegación. Aprendemos para siempre lo
que significa la responsabilidad.

En los últimos años, las profesiones marítimas han sufrido un cambio del que nosotros, los contemporáneos no somos aún conscientes. Es un cambio que están viviendo todas las actividades humanas, una auténtica revolución quizás comparable en sus efectos a las revoluciones sociales que propiciaron el invento de la agricultura y la industrialización.

Los barcos y la navegación que conocimos quienes ya estamos en edad de retiro apenas tienen nada que ver con los buques y las tecnologías de la actualidad. El sextante, el cronómetro, el almanaque y las farragosas tablas de navegación, creaciones que costó siglos construir y dominar, son hoy objetos del pasado, piezas de museo. Una revolución similar vivieron nuestros antepasados en el siglo XIX, hace cuatro días en términos históricos, cuando el vapor sustituyó a la vela y el hierro a la madera.

Esos cambios no significan, sin embargo, que los profesionales del mar pierdan o reduzcan su importancia. Al contrario. Contra quienes pretenden que la juguetería electrónica constituye la solución a la seguridad marítima se alza la tozuda realidad. A más tecnología, mayor importancia del papel de las personas involucradas en el transporte marítimo. 
No voy a pasar por alto el error de algunos armadores, tal vez más contables que navieros, que creen en la superstición de la tecnología como procedimiento para abaratar los costes de la tripulación. No se compite mejor con personal insatisfecho ni se crea cultura empresarial mirando sólo cómo reducir salarios y recortar derechos.

Estamos en un archipiélago, un conjunto de islas cosidas entre sí por buques y embarcaciones, es decir por marinos, que repartían productos y personas entre la Gomera y Tenerife, entre Lanzarote y Gran Canaria, o entre La Palma y el Hierro. Las Canarias, su economía y su progreso, deben mucho a las profesiones marítimas. Y admirado y con enorme satisfacción he de decir que están ustedes levantando, tal vez, el mejor homenaje a los marinos, armadores y comerciantes que podían tributarles. Me refiero, claro está, al proyecto del correíllo LA PALMA. De ahora en adelante, cuando nos pregunten qué podemos hacer para prestigiar las profesiones marítimas y ganar en consideración social, podremos invocar el proyecto del correíllo LA PALMA. Son esos proyectos culturales, memoria histórica y homenaje a lo que hicieron las generaciones pasadas, la mejor forma de que la sociedad sepa y comprenda el inmenso valor de las profesiones marítimas.

Voy a hacer una pequeña confesión personal. Las lecciones sobre la restauración del correíllo LA PALMA que he escuchado de Juan Pedro, capitán de la marina mercante y práctico de Tenerife, y de José Luis, jefe de máquinas ya jubilado, la pasión con que explican los detalles técnicos y las dificultades del proyecto, la admiración con que hablan de los ingenieros navales y de los empresarios del sector marítimo que se han involucrado, la gratitud que mostraban hacia los dirigentes políticos que apoyaron la iniciativa, todo eso constituye un canto a la esperanza. Es posible por encima de las desgracias de nuestro país creer en el futuro. Es posible, más allá de una historia asociativa y profesional con excesivos fracasos, creer en las profesiones náuticas.

El nombramiento del capitán de la marina mercante Antonio Padrón como el primer embajador español de la Organización Marítima Internacional refuerza esa esperanza. A él, Capitán Marítimo de Tenerife, le encomienda la comunidad marítima internacional que actúe como defensor y portavoz de las profesiones marítimas, y que desempeñe su labor con entusiasmo y acierto.

Estamos ante una sabia elección, justificada en los méritos y en el talento que ha desarrollado Antonio Padrón en su amplia y productiva vida profesional. No les cansaré con la lista de cargos, honores, títulos y condecoraciones que ostenta Antonio Padrón Santiago, pero permítanme que les cuente dos notas, una personal y otra política sobre nuestro flamante embajador marítimo de la OMI.

La personal. Conocí a Antonio Padrón en los pasillos de un edificio de Bruselas dondese concentraban varios paneles de expertos convocados por la Comisión Europea para valorar proyectos europeos de investigación y asesorar a la Comisión en temas marítimos y portuarios. Nunca me había cruzado con nadie de la Administración marítima española. Un viejo amigo, funcionario de la comisión con despacho propio, me habló de Antonio Padrón. “Este muchacho llegará lejos”, me dijo. “Está muy bien preparado”, añadió.

La nota política. Hace ya casi nueve años, el capitán marítimo de Tenerife, Antonio Padrón, decidió contra viento y marea autorizar la entrada en puerto de un buque quimiquero abanderado en Saint Kitss and Nevis, que tenía prohibida la entrada en todos los puertos europeos, de nombre BLUE ICE. Un buque subestandar, que tenía entonces 33 años de durísima vida en la mar, afligido con deficiencias de todo tipo según las sucesivas inspecciones MOU a que fue sometido. Antonio Padrón, como digo, consideró que el estado de necesidad en que se hallaba el buque, apremiado por la escasez de víveres y combustible, hacía necesaria su entrada en puerto. Con esa decisión, a mi juicio plenamente justificada desde el punto de vista técnico, Antonio Padrón demostró coraje, seguridad y una gran prudencia profesional. No hace falta que añada que, además, se ganó la admiración de quienes seguimos la actualidad marítima. Nada sucedió en ese episodio, en contraste con otros, digamos que hablo del PRESTIGE, en los que el empecinamiento en alejar el buque de la costa causó el mayor desastre ecológico.

Acabo donde empecé. Las profesiones marítimas, instrumento capital del comercio y del transporte marítimo, merecen un mayor reconocimiento social. A todos ellos, marinos, navales, armadores y comerciantes, les dedico este elogio que he querido compartir con Antonio Manuel Padrón y Santiago, con mi sincera felicitación por su nuevo cargo como embajador marítimo de la Organización Marítima Internacional.

Y a todos ustedes, feliz año 2016 y muchas gracias por su atención.

Juan Zamora Terrés, director de NAUCHERglobal

Santa Cruz de Tenerife, 15 de diciembre de 2015

jueves, 29 de octubre de 2015

¿Por qué reformar la Constitución?... X PSOE

La Constitución de 1978 nos ha proporcionado los mejores años de nuestra
Historia. Gracias a ella han sido posibles la garantía de los derechos y
libertades, los fundamentos del Estado social, la participación democrática en
la toma de decisiones, o el desarrollo de una profunda descentralización
política a partir del reconocimiento de la diversidad de nuestro país; y, con todo
lo anterior, el incremento del bienestar de los españoles y la convivencia en
armonía de todos ellos.

Los socialistas nos sentimos orgullosos de nuestra Constitución, de nuestra
participación en su elaboración y defensa y de nuestra decisiva aportación a su
aplicación y desarrollo por la legislación ordinaria.

Sin embargo, la crisis económica que azota a España con dureza desde 2008,
y las respuestas dadas por los poderes públicos a la misma, han minado la
confianza de los ciudadanos y ciudadanas en el orden político surgido de la
Constitución en tal medida que aquella crisis se ha extendido hasta incorporar
manifestaciones claras de una crisis también social, política, territorial e
institucional.

martes, 14 de julio de 2015

La crisis griega, vista desde Grecia...X...Dimitris Konstantahkopoulos

La «crisis griega», vista desde Grecia
Atenas (Grecia) | 11 de julio de 2015

Introducción
«No moriremos por Dantzig», decían los franceses hace 70 años. «No pagaremos por los griegos», dicen hoy los alemanes. Y si en 70 años la fuerza del dinero reemplazó, en Europa, la fuerza de las armas, el resultado no es menos mortal para los pueblos. Tampoco es, a fin de cuentas, menos autodestructiva.
El ataque contra Grecia iniciado por poderosas fuerzas «geoeconómicas», las del capital financiero totalmente liberado de toda forma de control, de un Imperio del Dinero en gestación, reviste a nivel mundial una importancia enorme, que sobrepasa ampliamente la dimensión de ese pequeño país. Es la primera de una serie de batallas que decidirán el futuro de los Estados y de los países europeos, el del ideal de una Europa unida, independiente, social, la de nuestra democracia y nuestra civilización. La interrogante a la que hoy se trata de responder, en Grecia, es saber quién va a pagar la deuda acumulada de la economía mundial, incluyendo la deuda vinculada al salvamento –en 2008– de los grandes bancos.
¿La pagarán los pueblos de los países desarrollados, aunque ello implique la supresión de los derechos sociales y democráticos conquistados a lo largo de 3 siglos de lucha, en otras palabras, sacrificando la civilización europea? ¿La pagarán otros países? ¿La pagaremos destruyendo el medio ambiente? ¿Prevalecerán los bancos ante los Estados o sucederá lo contrario? ¿Logrará Europa dominar nuevamente ese monstruo que es el capital financiero totalmente desregulado, reinstaurando una regulación de los flujos de capitales, en el marco de un proteccionismo razonable y de una política de crecimiento, contribuyendo a la construcción de un mundo multipolar, dando así un ejemplo de envergadura mundial? ¿O bien, sucumbirá Europa en medio de implacables conflictos internos, consolidando el papel dominante –aunque hoy vacilante– de Estados Unidos y quizás mañana el de otras potencias, o quizás incluso de totalitarismos, a nivel mundial o regional?

miércoles, 24 de junio de 2015

Aceptación Candidatura PSOE...X ... Pedro Sánchez


Amigos y amigas.

Buenos días, bon dia, bos días, egun on.

Gracias, Javier. Gracias a todos y a todas. Gracias de corazón.
 
Con humildad y con emoción: acepto la candidatura del Partido Socialista Obrero Español a la Presidencia del Gobierno de España. Gracias a vosotros hoy entro a formar parte de una corta lista en la que me preceden personas a las que admiro y respeto como:
Alfredo, José Luis, Joaquín y Felipe González.
Soy muy consciente del honor que recibo. De la deuda que contraigo con todos vosotros.
Ganaremos las elecciones, pero seguiré estando en deuda con vosotros.
Haremos políticas que impulsen el crecimiento justo y el buen empleo, aprobaremos leyes que den oportunidades a nuestros jóvenes, igualdad y seguridad a las mujeres, que protejan a quien no tiene empleo, que cobijen a quien no tiene casa, que cuiden a quienes no tienen salud, que den visibilidad a la diversidad, sostendremos a los que ya no tienen fuerzas, conservaremos el patrimonio natural y cultural y seguiré estando en deuda con
vosotros. Ampliaremos las libertades y el bienestar de las españolas y losespañoles, y apenas habré empezado a saldar mi deuda de gratitud con vosotros. Gracias de corazón.
Quiero también dar las gracias a mi familia.
A mis padres, porque ellos son también los padres de mis mejores valores, de los valores que me constituyen como persona y como socialista.
A David, mi hermano, mi primer compañero.
A Begoña, no sólo por su comprensión cuando la tarea en que me he empeñado me aleja de su lado, no sólo por su paciencia, su sonrisa y su aliento, también por la fuerza que me da para seguir. Gracias Begoña.
Quiero dar las gracias a mis hijas porque cada noche, cuando regreso a casa, su alegría borra mi cansancio.